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Globalización y Educación en América Latina
Benno Sander Director de Educación y Desarrollo
Social Organización de los Estados Americanos
Mesa Redonda en el Instituto Internacional de Planeamiento
de la Educación de la UNESCO, realizada en Buenos Aires, con Jacques
Hallack y Juan Carlos Tudesco, el 31 de agosto de 1999
El tema que nos reúne hoy, al comenzar el II curso regional del Instituto
Internacional de Planificación de la Educación (IIPE) en Buenos, se inserta en
la efervescencia generalizada que caracteriza la transición hacia el año 2000.
Dicha efervescencia no se refiere sólo al temido para unos y misterioso para
otros bug del milenio, al famoso Y2K, que ya ha absorbido sumas astronómicas de
recursos y energías en todas las partes del mundo. Esta efervescencia en
realidad se manifiesta exhaustivamente en los medios económicos y comerciales y
en los medios políticos y culturales de la actualidad. Se manifiesta tanto en el
ámbito interno de cada país como en el contexto de las relaciones
internacionales.
La educación, como las demás prácticas sociales, es parte de ese fenómeno, de
esa efervescencia, para muchos de nosotros un fenómeno sin precedentes. El hecho
es que los educadores, como los demás profesionales nos deparamos con nuevos y
poderosos escenarios que marcan profundamente el mundo moderno. Podríamos hacer
un buen listado de nuevos escenarios. Pero aquí me voy a limitar a hablar de la
educación a la luz de dos nuevos escenarios, dos grandes escenarios que definen
el contexto global de las transformaciones sin precedentes de la historia
moderna. Me refiero al nuevo escenario económico y al nuevo escenario
político.
El nuevo escenario económico tiene su expresión mayor en la globalización
definida en términos de mundialización de los mercados, las inversiones, la
industria, la información y la producción del conocimiento. La globalización es
el motor que propulsa una nueva revolución, la revolución microelectrónica, una
revolución probablemente más agresiva y más profunda que la revolución
industrial. En ese contexto, se desarrolla un nuevo tipo de organización social
--organización del trabajo, de los intercambios, de la experiencia y las formas
de poder-- que se ha dado en llamar la sociedad global de la información,
sociedad sustentada por una economía cuya base es la utilización del
conocimiento.
El nuevo escenario político se refleja en el creciente proceso de
democratización a lo largo y lo ancho del mundo, incluyendo nuestra América
Latina. Este escenario viene acompañado de una nueva institucionalidad en las
relaciones políticas entre los Estados, institucionalidad que descansa en lo que
se viene calificando de diplomacia presidencial. En las Américas la diplomacia
presidencial se consolidó en la moderna fase de Cumbres Hemisféricas de Jefes de
Estado y de Gobierno, iniciada en 1994, y las múltiples reuniones de Presidentes
de Ibero América y de los bloques subregionales como el
MERCOSUR, la Comunidad Andina, el CARICOM y la Comunidad Centroamericana. En
todos esas subregiones las citas presidenciales son hoy semestrales, lo cual
significa que, en la práctica, los gobernantes, además de sus responsabilidades
políticas a nivel de sus países, asumen crecientes responsabilidades
colectivamente compartidas por los destinos de la humanidad y de sus
respectivas regiones y subregiones.
En resumen, la globalización económica viene acompañada de una nueva
institucionalidad política, con una creciente ampliación de las funciones
internacionales de los gobernantes, legitimadas por la democracia
representativa. Uno de los grandes desafíos, en ese contexto económico y
político ampliado, es definir las relaciones dialógicas, como diría Paulo
Freire, entre soberanía nacional en términos políticos y acción internacional en
términos económicos y comerciales.
La Globalización, sus Oportunidades y
Riesgos
La extensa literatura producida en los últimos años sobre el proceso de
globalización en la economía y la sociedad destaca sus múltiples oportunidades y
riesgos. Si bien que se argumente que la globalización ofrece oportunidades y
riesgos para todos --los países, las organizaciones y nosotros los humanos--,
los hechos demuestran con absoluta claridad que la globalización ofrece más
oportunidades para unos que para otros y, consecuentemente, más riesgos para
otros que para unos. Estos hechos destacan el tema de la asustadora inequidad en
la distribución de los resultados del proceso de globalización. El Informe sobre
Desarrollo Humano preparado para el PNUD en 1999 presenta un nuevo análisis de
esa problemática. Los datos son sumamente preocupantes para los países en
desarrollo. Veamos algunos números sobre la situación de América Latina que
escuché por última vez en la semana pasada en una conferencia de José Joaquín
Brunner en la OEA en Washington, DC.
Las estadísticas muestran que América Latina se encuentra muy rezagada en
comparación con otras regiones del mundo. Para constatarlo basta considerar que
el peso de Latinoamérica en el mundo --medido por su población-- disminuye a
medida que aumentan las exigencias de conocimientos o de inversiones
relacionadas con diversas actividades estratégicas. Así mientras nuestra América
Latina representa un 8,5% de la población mundial, producimos alrededor del 6%
del Producto Interno Bruto mundial, o sea, producimos menos que Alemania sola;
gastamos un 5,5% del total mundial en educación; participamos con menos de un 5%
de las exportaciones globales; tenemos menos del 4% de los ingenieros y
científicos trabajando en labores de I & D; nuestras exportaciones de
manufacturas llegan a menos del 3% del mundo (o sea, somos países importadores
más que exportadores, lo cual nos pone en situación de dependencia); nuestra
participación en el mercado global de tecnologías de la información es de sólo
un 2%; nuestros autores científicos contribuyen con menos del 2% de las
publicaciones registradas a nivel mundial; tenemos sólo un 1% de los hosts de
Internet; y las patentes industriales registradas por latinoamericanos en los
Estados Unidos apenas llegan al 0,2%. Luego, mientras mayores son las exigencias
de conocimiento envueltas, menor es nuestra gravitación en el mundo
emergente.
Podrían tomarse otras cifras complementarias que revelan un igual rezago. Por
ejemplo, en comparación con los países desarrollados, cuyo ingreso promedio per
cápita es 3,5 veces superior al nuestro, gastamos en educación 8 veces menos por
habitante; y lo que es más grave, gastamos 13 veces menos en los niveles
educación preescolar, básica y secundaria y 6 veces menos en el nivel de la
educación superior. En números absolutos, el gasto per cápita anual en la
educación básica en Latinoamérica es de US$143.00, mientras que en los países
desarrollados es de US$1.089.00 (OEA, 1998). Asimismo, menos del 20% de jóvenes
del grupo de edad se encuentran matriculados en la enseñanza superior; en los
países desarrollados, en cambio, el 50% es decir uno de cada dos jóvenes se
halla cursando estudios de nivel pos-secundario. Considerando el total de la
población, aquí la escolaridad promedio alcanza a 5 años, allá alcanza a 10
años.
Similares diferencias existen en dimensiones claves de la infraestructura de
información. En América Latina, la circulación de diarios es tres veces inferior
que en los países desarrollados; hay tres veces menos receptores de radio y
televisión; los subscriptores de cable y los usuarios de telefonía móvil están
en proporción de 1 a 9, los de computadoras personales de 1 a 10 y el número de
ellos conectados a la red mundial se halla en relación de 1 a 58.
El último dato es sumamente preocupante. Porque? Porque la utilización
eficiente de la tecnología virtual es hoy un factor determinante para acceder
instantáneamente a los bancos de datos en el ámbito nacional e internacional y
analizar instantáneamente patrones y tendencias en cualquier campo de la
actividad humana que nos permite tomar decisiones informadas, disminuir el
tiempo de producción de bienes y prestación de servicios y resolver los
problemas que encontramos a diario en nuestras organizaciones humanas. En su
último libro --Business and the Speed of Thought--, publicado hace pocos meses,
Bill Gates utiliza la expresión de sistema nervioso digital para definir el
funcionamiento de la organización moderna. Él argumenta que la organización
funciona mejor si funciona como un sistema nervioso que intercambia información
instantáneamente y permanentemente entre todas las partes del sistema, como
ocurre en el organismo humano. Refiriéndose a la importancia de la información,
él concluye diciendo: "Tengo una creencia simple y segura: el cómo colectar,
administrar y utilizar información determina si vamos a ganar o perder." Si bien
que se trate de un argumento típico de un hombre de negocios, me aventuro a
pensar que si queremos conquistar mejores niveles de educación y participar más
efectivamente en la construcción del conocimiento, necesitamos desarrollar la
capacidad de recoger, gerenciar y utilizar eficientemente la información.
A la luz de las pocas estadísticas presentadas aquí resulta evidente que
América Latina necesita hacer un gran esfuerzo para cerrar la brecha del
conocimiento (knowledge gap) y resolver sus problemas relacionados con el acceso
a la información y su utilización. En ese sentido, son enormes las expectativas
respecto del papel y la contribución de la educación en todos sus niveles y
modalidades.
Tenemos desafíos complejos ante nosotros, como: el fortalecimiento de las
instituciones democráticas, la superación de la pobreza mediante el desarrollo
de estructuras sociales más equitativas, el desarrollo sostenible de nuestros
recursos naturales y la integración de nuestras comunidades locales. Me parece
que una de nuestras tareas más importantes y más difíciles, como educadores, es
diseñar políticas educativas efectivas y relevantes del punto de vista cultural
y proveer instrumentos pedagógicos eficientes y eficaces para lograr una
educación de calidad. Tarea difícil e importante porque sólo una educación
de alta calidad puede proveer los fundamentos necesarios para la construcción de
una sociedad genuinamente democrática y para preparar ciudadanos capaces de
participar conscientemente en la definición de los destinos de nuestras pequeñas
aldeas comunitarias en el ámbito local como de nuestra aldea global
ampliada.
La Educación como Clave del Progreso
En el ámbito político-diplomático, fue la Segunda Cumbre de las Américas de
1998 la instancia que alimentó nuevas expectativas pedagógicas en este fin de
siglo, al recolocar la educación en el nuevo escenario internacional como ya lo
habían hecho los Presidentes anteriormente. En ese sentido, me permito recordar
el impacto de la Reunión de Presidentes de 1967 en Uruguay, que lanzó las bases
de un programa regional de desarrollo educativo, científico y cultural en el
ámbito de la OEA que, durante más de dos décadas, aplicó un promedio anual de 20
millones de dólares en servicios directos de cooperación técnica regional.
Posteriormente, le siguió el exitoso Proyecto Principal de la UNESCO y, más
recientemente, los programas de universalización de la educación básica
resultantes de la Conferencia de Jomtien. El año pasado en la Cumbre de
Santiago, la educación ha merecido la prioridad atribuida recientemente a otras
prioridades hemisféricas, como la integración económica y comercial y la
democracia representativa que fueron los temas centrales de la I Cumbre de las
Américas realizada en Miami en 1994.
La preparación de la Cumbre Presidencial de Santiago motivó a las
instituciones académicas y los organismos internacionales a estudiar y evaluar
políticas educativas y experiencias locales y nacionales de reforma educacional
y a proponer alternativas de acción cooperativa en el campo de la educación. En
la OEA, por ejemplo, preparamos y publicamos un estudio sobre la situación, las
tendencias y los desafíos educativos en las Américas y sobre sus implicaciones
para la formulación de políticas públicas y estrategias de acción colectiva en
materia de educación. Entre las tendencias reveladas por el estudio, permíteme
mencionar las siguientes:
1. Aumenta la presión por elevar la calidad de la educación en todos los
niveles de enseñaza, especialmente en la educación básica, incluyendo la
educación inicial y el desarrollo integral de la niñez. 2. Aumenta la
importancia de investir en la educación de nivel medio, como resultado del
crecimiento general de la matrícula y de las exigencias impuestas por las nuevas
condiciones y necesidades de la sociedad moderna. 3. Al lado de las
preocupaciones con la educación como inversión productiva, aumenta la conciencia
social sobre la importancia de la educación para un futuro sostenible, la
defensa de los derechos humanos y el pleno ejercicio de la
democracia. 4. Aumenta la presión para dar mayor pertinencia a los
programas educativos, a fin de ofrecer a la juventud instrumentos efectivos de
preparación para el trabajo y la vida en la sociedad globalizada, a la luz de
las competencias intelectuales y tecnológicas requeridas en un mercado de
trabajo en permanente transformación. 5. Aumenta el énfasis en la
centralidad de la escuela y la universidad como instituciones sociales por
excelencia y consolidase la tendencia por aumentar la autonomía de la
universidad y la administración escolar. Al mismo tiempo, se amplían los
intentos, por parte de muchos gobiernos nacionales por establecer currículos
nacionales de aplicación nacional junto con sistemas de evaluación de desempeño
de las instituciones educativas, los profesores y los
estudiantes. 6. Finalmente, aumenta la conciencia de que los educadores
--es decir el profesor y el administrador escolar-- son la clave que explica el
desempeño escolar. En consecuencia, se impone la necesidad de investir
prioritariamente en la profesionalización de los educadores, adoptando dos
estrategias complementares: mejorar la educación de los educadores y mejorar sus
condiciones de trabajo. Las dos estrategias son complementares. Si queremos
mejores escuelas, necesitamos mejores educadores; si queremos mejores
educadores, necesitamos ofrecer mejores condiciones de trabajo y pagar mejores
salarios.
Estas son algunas tendencias identificadas en el proceso de preparación
de la II Cumbre de las Américas de Santiago. El Plan de Acción de la Cumbre
de Santiago, en realidad, vuelve a reconocer a la educación como la clave del
progreso en las Américas, para utilizar su expresión literal. Tres son las metas
globales establecidas por los Presidentes: (1) educación básica de calidad para
todos, retomando compromisos políticos varis veces asumidos después de la
Segunda Guerra Mundial; (2) ampliación de la educación de nivel medio, tomando
en cuenta las nuevas condiciones y necesidades actuales; y (3) fomento creciente
de oportunidades de educación permanente a la luz de la creciente expectativa de
vida de la llamada tercera edad.
Algunas áreas temáticas han merecido consideración prioritaria, como:
atención educativa a las poblaciones más necesitadas y en situación de riesgo
social; educación para el trabajo productivo con el objetivo de preparar la
juventud para la competencia laboral a escala mundial; educación para la
ciudadanía, la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos;
y educación para un futuro sostenible en sociedades multiculturales.
Finalmente, la formación de los educadores y administradores de la educación,
la evaluación educativa, el desarrollo institucional y la utilización de los
medios modernos de información y comunicación fueron considerados factores
esenciales para promover una educación basada en los criterios de relevancia,
equidad, eficiencia y calidad.
En ese contexto, políticos y educadores nacionales y especialistas de
organismos internacionales tenemos desafíos de enormes proporciones ante
nosotros. Como aquí iniciamos hoy una actividad académica que cuenta con el
concurso de varias agencias internacionales de cooperación, me permito terminar
con una referencia sobre lo que pueden contribuir, en la práctica, los
organismos internacionales para disminuir la brecha del conocimiento y resolver
los problemas relacionados con el acceso a y la utilización de la información.
Podríamos identificar tres roles entre muchos:
1. Los organismos internacionales pueden proveer bienes de uso público,
como redes de profesionales y asociaciones académicas, foros de concertación e
información y financiamiento de estudios e investigaciones.
2. Los organismos internacionales pueden ser intermediarios en la
transferencia permanente de conocimientos construidos y experiencias
desarrolladas en distintos lugares de las Américas, colectando y difundiendo
datos y ofreciendo su infraestructura instalada de diálogo hemisférico.
3. Los organismos internacionales pueden crear e administrar redes y
bancos electrónicos de datos y conocimientos acumulados. La actual revolución
tecnológica en el mundo de las comunicaciones, como ya lo mencioné
anteriormente, está propiciando esta tarea como nunca antes en el ámbito de los
organismos internacionales de cooperación y desarrollo.
O sea, los organismos internacionales pueden y deben hacer contribuciones
valiosas a la educación, utilizando su situación privilegiada en términos de
acceso natural a la información y los conocimientos producidos en el ámbito
internacional. Sin embargo, lo que hace diferencia de verdad en la vida real de
nuestras escuelas y universidades es lo que hacen los propios países y sus
instituciones y profesionales para utilizar efectivamente el conocimiento.
Creo que esta es la razón misma de nuestra presencia aquí. Todos hemos venido
para buscar conocimientos, para participar en la construcción y reconstrucción
de conocimientos relevantes para nuestro quehacer educativo, para aprender los
unos de los otros, utilizando la excelente infraestructura de diálogo e
investigación que ofrece la UNESCO y el IIPE en su Sede Regional de Buenos
Aires.
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