Educación, Trabajo y Ciudadanía
Ejes de una Política Social Relevante para América latina

Benno Sander
Diector de Educación y Desarrollo Social
Organización de los Estados Americanos

Conferencia dictada en el Congreso Educador 2000, realizado en el Centro de
Convenciones del Palácio Anhembi, São Paulo, SP, en abril de 2000. Versión revisada
fue publicada en la Revista Brasileira de Política e Administração da Educação.
 Porto Alegre, v. 16, n. 2, p. 137-155, jul./dic. 2000


Introducción

Esta reflexión fue preparada a la luz de algunas preocupaciones centrales que hoy ocupan la agenda política y académica internacional, como globalización, economía de mercado, sociedad del conocimiento y desarrollo humano sustentable.  Esos conceptos de la agenda internacional contrastan con problemas sociales urgentes, como pobreza, discriminación, inequidad y desempleo. Esos problemas se manifiestan de manera persistente en América Latina.  Su superación implica, antes que nada, un renovado esfuerzo para formular políticas públicas comprensivas y relevantes, involucrando las múltiplas instancias de gobierno y de la iniciativa privada, del Estado y de la sociedad civil.

En ese sentido, esta reflexión hace referencia a algunos conceptos fundamentales sobre políticas sociales, en particular sobre el papel de la educación y del conocimiento, la generación de oportunidades de trabajo y la promoción de la ciudadanía civil y política.  La reflexión se inserta en el conjunto de los esfuerzos que hoy se desarrollan en América Latina para construir una nueva sociedad ciudadana, con nuevas formas de educación y trabajo, basadas en una nueva ética de la convivencia humana colectiva.


La globalización, sus oportunidades y sus riesgos

La educación y el trabajo se incluyen en la efervescencia generalizada que caracteriza la transición para el siglo XXI.  Esa efervescencia se manifiesta exhaustivamente tanto en los medios económicos y comerciales como en los medios políticos y culturales de la actualidad.  Ocurre tanto en el ámbito interno de cada país como en el contexto de las relaciones internacionales.  El hecho es que hoy en día nuevos y poderosos escenarios marcan profundamente la sociedad y la actividad humana.  Para los objetivos de esta reflexión, me limito a examinar la educación y el trabajo como prácticas ciudadanas a la luz de dos grandes escenarios que definen el contexto global de las transformaciones sin precedentes de la historia moderna: el nuevo escenario económico y el nuevo escenario político.

 El nuevo escenario económico

El nuevo escenario económico tiene su principal expresión en el llamado proceso de globalización, definido en términos de mundialización de los mercados, las inversiones, la industria, la información y la producción del conocimiento.  La globalización representa hoy en día la creciente gravitación de los procesos económicos, comerciales, sociales y culturales sobre los procesos de carácter regional, nacional y local.  No se trata de un proceso nuevo, pues la ampliación de las fronteras y de las comunicaciones es una característica de la propia historia de la  humanidad.  La revisitación del descubrimiento de América en 1992 de los 500 años de Brasil el año pasado muestran como en el siglo XV y XVI los españoles y portugueses lideraban el proceso de expansión y mundialización.  Cinco siglos después, los países económicamente más fuertes de la actualidad lideran una nueva fase de ese proceso histórico.  Lo que es nuevo hoy es el cambio de los protagonistas, de los tiempos y los espacios, cambio impulsado, en gran parte, por la revolución en el transporte y en el mundo de la información y las comunicaciones.  En la realidad, la globalización es hoy causa y efecto de una nueva revolución, la revolución microelectrónica, una revolución tal vez más agresiva y más profunda que la propia revolución industrial.  En ese contexto, se desarrolla la sociedad global de la información, que está sustentada por una nueva economía cuya base es la utilización del conocimiento.

El nuevo escenario político

El nuevo escenario político se refleja en el proceso de democratización, llevado a efecto en todas las latitudes del planeta, incluyendo América Latina.  Se trata, en realidad, de una democratización en proceso de construcción, con cuyo funcionamiento la ciudadanía consciente no está satisfecha, según datos de una reciente investigación de opinión realizada en 17 países latinoamericanos por la Corporación Latinobarómetro, con sede en Santiago de Chile.  La investigación revela que, si bien la gran mayoría de la población es defensora de la democracia como forma de gobierno, apenas el 37% de los habitantes están satisfechos con su funcionamiento.  Este hecho revela, por un lado, conciencia política por parte de la ciudadanía, y sugiere, por otro, medidas urgentes por parte de los gobiernos y de la sociedad en general para superar las limitaciones identificadas y construir instituciones sociales políticamente  efectivas y socialmente pertinentes para la ciudadanía.  De cualquier forma, en el ámbito de ese escenario democrático, se desarrolla  una nueva institucionalidad en las relaciones políticas entre Estados soberanos, fundada en lo que se viene llamando diplomacia presidencial.  Se multiplican las reuniones de concertación política de los Presidentes de los ocho países más desarrollados, de los países no alineados, de los países americanos e iberoamericanos y de las comunidades subregionales.  En las Américas, la diplomacia presidencial se consolidó en la moderna fase de las Cumbres Hemisféricas de Jefes de Estado y de Gobierno iniciada en 1994 y en las múltiples reuniones de Presidentes de los países de los bloques subregionales, como el Mercosur, la Comunidad Andina, el CARICOM y la Comunidad Centroamericana.  En algunas regiones, los encuentros presidenciales se realizan semestralmente, significando que, en la práctica, además de sus responsabilidades políticas nacionales, los gobernantes comparten crecientes responsabilidades internacionales por los destinos de la humanidad y de sus respectivas regiones y subregiones.

En resumen, el proceso de globalización de la economía y de la actividad humana está acompañado de una nueva institucionalidad política, que se manifiesta en la ampliación formal de las funciones internacionales de los gobernantes, legitimadas por la democracia representativa.  Entre tanto, la devastadora influencia proveniente de las relaciones económicas y comerciales, a través de la acción de poderosas empresas transnacionales, determina significativamente la acción política de los gobernantes en todo el mundo.  En ese contexto económico y político, uno de los grandes desafíos es la definición de las relaciones dialécticas entre soberanía nacional en términos esencialmente políticos y acción internacional en términos predominantemente económicos y comerciales.

Oportunidades y riesgos 

La extensa literatura producida en los últimos años sobre el proceso de globalización en la economía y la sociedad destaca sus múltiples oportunidades y riesgos.  Aunque se argumente que la globalización ofrece oportunidades  y riesgos para todos –países, organizaciones y personas--, los actos demuestran que ella ofrece más oportunidades para los que establecen las reglas del juego internacional que para los seguidores y, consecuentemente, más riesgo para estos que para aquellos.  Se implanta, así, una creciente inequidad en la distribución de los resultados de la actual fase del proceso de globalización.  Se concentra el ingreso y aumenta la exclusión social.  La inequidad manifiéstase especialmente entre los países ricos y los países pobres, pues las reglas del juego internacional favorecen a aquellos en detrimento de estos.  La inequidad manifiéstase también en el interior de los propios países, sean ellos ricos o pobres.  En ambos aumenta la brecha que separa comunidades y personas en términos económicos, sociales y culturales.  El examen de la reciente evolución de la economía norteamericana, por ejemplo, revela que la inequidad social se agrava inclusive en los países más ricos del mundo.  En la década de los noventa, los Estados Unidos experimentó un extraordinario crecimiento económico, pero fue un crecimiento desigual, como fue desigual en otras partes del mundo.  En cuanto el 20% de los norteamericanos más ricos enriqueció 15% más en la última década, el 20% más pobres mejoró su poder adquisitivo de apenas 1% durante el mismo período.       

El Informe sobre Desarrollo Humano1 preparado por las Naciones Unidas en 1999 presenta un análisis explicativo de esa problemática y muestra como el fenómeno es particularmente grave en los países más pobres.  América Latina es, en realidad, la región que presenta los más elevados niveles de concentración de renta y desigualdad social en el mundo.  El Informe de las Naciones Unidas muestra también las desventajas comparativas de los países más pobres con relación a los países económicamente más desarrollados.  Esas desventajas comparativas guardan relación directa con el déficit acumulado en materia de educación, formación de recursos humanos y acceso al conocimiento. 

En ese sentido, el examen de las estadísticas internacionales, recientemente presentadas por José Joaquín Brunner2, revela como el peso de América Latina en el mundo disminuye a medida que crece la exigencia de conocimientos e inversiones involucradas en las diversas actividades estratégicas.  En cuanto América Latina tiene 8,5% de la población mundial, produce aproximadamente 6% del Producto Interno Bruto mundial; gasta con educación 5,5% del respectivo total mundial; participa con menos del 5% de las exportaciones globales; tiene menos del 4% de los ingenieros y científicos realizando trabajos de investigación y desarrollo; las exportaciones de manufacturas representan menos del 3% del índice mundial; la participación en el mercado global de tecnologías de la información es de apenas 2%; los científicos latinoamericanos son autores de menos del 2% de las publicaciones lanzadas internacionalmente; tiene apenas 1% de los hosts en la Internet; y las patentes industriales registradas internacionalmente por latinoamericanos llegan apenas al 0,2%.

Esos datos comprueban, de manera inequívoca, que cuanto más elevada es la exigencia de conocimientos necesarios en las diversas actividades, tanto más pequeña es la gravitación de América Latina en el mundo de hoy.  En otras palabras, América Latina enfrenta un déficit fenomenal en materia de conocimiento científico y tecnológico.  Las Implicaciones de esos datos para la educación y las oportunidades de acceso al trabajo son evidentes.

Diferencias semejantes existen también en dimensiones fundamentales de la infraestructura de información y comunicaciones.  Por ejemplo, en América Latina, la circulación de periódicos es tres veces más reducida que en los países desarrollados.  Hay tres veces menos aparatos de radio y televisión.  La proporción de los suscriptores de TV por cabo y de los usuarios de telefonía celular es de 1 para 9.  La de los usuarios de computadoras personales es de 1 para 10.  Y la relación del número de los usuarios de computadoras conectadas a la red mundial Internet es de 1 para 58.3

Todos esos datos revelan una enorme desventaja comparativa en un mundo caracterizado por la creciente globalización de la actividad humana.  El último dato, lo de la conexión a la Internet, es particularmente preocupante, porque la utilización de la tecnología virtual es hoy en día un factor determinante de comunicación y de acceso a los bancos de datos locales, nacionales e internacionales.  El acceso a los bancos de datos y al complejo mundo de la información, en realidad, permite hacer análisis instantáneos de los patrones y tendencias dominantes en cualquier campo de la actividad humana de cualquier parte del mundo.  Permite también tomar decisiones más fundamentadas y aumentar la eficiencia en la producción de bienes y la prestación de servicios.  Finalmente, el acceso a la información y al conocimiento facilita la solución de los problemas que enfrentamos diariamente en nuestras organizaciones y comunidades. Esos factores sugieren que América Latina necesita desarrollar urgentemente sus condiciones de acceso a la información y su capacidad de creación y utilización del conocimiento.  Solo así su población podrá conquistar mejores niveles de educación; participar más efectivamente en la construcción del conocimiento para que sea un conocimiento relevante y efectivo para las condiciones económicas y sociales de los países de la región; y tener igualdad de oportunidades de acceso y progreso en el mundo del trabajo.
En resumen, las pocas estadísticas presentadas aquí revelan que América Latina necesita emprender un gran esfuerzo para resolver los problemas relacionados con la falta de acceso a la información y la reducida utilización del conocimiento científico y tecnológico.  Sin ese esfuerzo no podrá enfrentar las crecientes demandas del mundo del trabajo y de la vida en general.  En ese sentido, son enormes las expectativas con relación a la contribución de la educación.

Estas observaciones sirven de introducción a la consideración de los principales ejes de una política social sostenible y relevante en América Latina.  En la discusión tomo en cuenta los valiosos subsidios de dos excelentes textos recientemente publicados sobre el tema.  Hago referencia al libro Equidad, Integración Social y Desarrollo,4 publicado por la Agenda Perú en 1999 y al documento Equidad, Desarrollo y Ciudadanía,5 preparado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y distribuido en mayo de 2000. 

De acuerdo con el Informe de la CEPAL, “la política social debe reflejar un conjunto de objetivos, estándares y sistemas según los cuales la sociedad se compromete a garantizar los derechos sociales, económicos y culturales para crear y consolidar capacidades y oportunidades con el objetivo de mejorar la calidad de vida y dar a las personas mayor libertad e influencia en las decisiones que las afectan.”6  Referido a América Latina, mis sobre política social parten del concepto de políticas públicas como el conjunto de las acciones organizadas en torno a objetivos de interés colectivo, involucrando las múltiples instancias de gobierno y de la sociedad civil, del Estado y de la iniciativa privada.  Esta visión del público como instancia colectiva presupone la celebración de alianzas interinstitucionales, estatales y privadas, y una creciente ampliación de los espacios de participación de la sociedad civil, con el objetivo de construir y reconstruir instituciones sociales comprometidas con la promoción del desarrollo humano sostenible, que tiene en la educación y el trabajo sus elementos principales.  El gran desafío es construir un paradigma de desarrollo sostenible que tiene como criterio cualitativo la consecución de elevados niveles de equidad y de calidad de vida humana colectiva.7  En ese contexto, la superación de la pobreza constituye un compromiso político y un desafío ético inaplazable para el conjunto de la sociedad.  Es en función de ese compromiso y de ese desafío que una política social sostenible y relevante para el conjunto de la sociedad necesita prestar atención prioritaria a los sectores más pobres y excluidos de la población.  Dos son los elementos centrales, los fundamentos de una política social sostenible y relevante, comprometida con la consecución de la equidad y la promoción de una nueva sociedad ciudadana: la educación y el trabajo.

La educación como el primer eje de una política social
comprometida con la equidad y la ciudadanía

La educación está directamente relacionada con la formación ciudadana, la preparación para el trabajo y la consecución del desarrollo humano sostenible con equidad social.  La educación debe, por tanto, ser la primera prioridad de una política social relevante; la primera prioridad en la asignación del gasto público; la primera prioridad en las preocupaciones de las instituciones de la sociedad civil, en particular la familia, la iglesia y las múltiples instancias de los movimientos sociales de nuestras comunidades.  Esas preocupaciones deben centrarse simultáneamente en la extensión del aprendizaje y en la mejoría de la calidad de la oferta educativa en todos los niveles de enseñanza.  Además de extender la cobertura universal de la escolarización primaria hacia la educación preescolar y la enseñanza media, es necesario invertir sustancialmente en la calidad de la educación y en la relevancia de sus contenidos en todos los niveles y modalidades de enseñanza.  Además de la adquisición de los contenidos académicos fundacionales, es necesario promover el desarrollo de las capacidades y habilidades para aprender a aprender.  Este objetivo es particularmente importante en la preparación para el complejo mundo de la información y las comunicaciones y en la promoción de los valores democráticos, los derechos humanos y la convivencia social, hoy en día afectada por crecientes manifestaciones de violencia urbana y por la expansión de los fundamentalismos religiosos, étnicos y sociales en todo el mundo, incluyendo en sociedades económicamente avanzadas.

La elocuencia de los números

Aunque las estadísticas educativas no muestren ni expliquen todo, pueden proveer pistas reveladoras.  Efectivamente, el examen de los datos estadísticos permite poner en evidencia aspectos específicos del diagnóstico de la educación latinoamericana y su relación con el mundo del trabajo y con el ejercicio de la ciudadanía. También permite identificar problemas y desafíos que hoy en día enfrenta América Latina.  Los datos son globales para toda la región y no representan la situación específica de ningún país o comunidad en particular.  Por lo tanto, cualquier generalización debe ser interpretada con cautela.

Vista en perspectiva histórica, América Latina presenta hoy tasas relativamente elevadas de escolarización de la población de 7 a 12 años de edad, edad que tradicionalmente correspondía a la educación primaria obligatoria.  En 1995, la tasa líquida de escolarización de la población de 7 a 12 años de edad era de 93%.  Además de eso, según datos de la UNESCO, entre 1960 y 1992, la tasa anual de crecimiento de la matrícula en la educación preescolar fue de 7,9%.  La matrícula en la educación media creció, en el mismo período, a una tasa anual media de 6,2%.   En la universidad la tasa anual de crecimiento fue de 8,5%.  El analfabetismo absoluto diminuyó de 34% en 1960 a 13% en 1992.8  En el mismo período, la población creció a una tasa anual media de 2,2%.  O sea,  en las últimas cuatro décadas hubo un progreso significativo en materia de cobertura escolar.

Pero no todo son buenas noticias.  Por ejemplo, las tasas de repetición  escolar en América Latina están entre las más altas del mundo.  Las estadísticas educativas de América Latina revelan que, aunque las crianzas generalmente frecuenten la escuela básica por siete años, en la media ellas solamente son promovidas hasta el cuarto grado.  Esto significa que, de los siete años que frecuentan, repiten tres.  O sea, la mayoría de los estudiantes frecuentan el mismo grado durante dos años, circunstancia que casi llega a doblar el costo por alumno.9  El primer año de la escuela básica es el más problemático de todos, pues los repitientes superan el 40% de los alumnos matriculados.  En términos absolutos, eso significa que anualmente casi ocho millones de alumnos repiten el primer grado de la enseñanza básica en América Latina.  Es importante destacar que la gran mayoría de esos alumnos repitientes no frecuentó los jardines de infancia y las instituciones de educación preescolar.  Basado en ese hecho y en estudios empíricos internacionales, estamos hoy en condiciones de afirmar que el éxito a lo largo de la carrera académica y en la vida profesional está significativamente correlacionado con la calidad de la atención prestada a la primera infancia y a la educación preescolar.  Por tanto, si queremos crear condiciones de superación de la pobreza para millones de jóvenes en América Latina, una de las prioridades fundamentales de la política educativa debe ser la educación inicial y la atención integral a la primera infancia.  Actualmente existe una rápida modificación para mejorar las estadísticas sobre repetición escolar en América Latina, no necesariamente porque la situación esté mejorando en la misma proporción, sino simplemente porque algunos países están adoptando una política de promoción automática a lo largo de la educación básica, independientemente del nivel de desempeño escolar.

La deserción escolar en América latina es otro problema complejo que exige estudios más profundos sobre sus causas y efectos y sobre posibles soluciones.  Lo que sabemos hoy es que menos de la mitad de los estudiantes que ingresan en la escuela básica completan el ciclo.  O sea, la mayoría de los jóvenes salen del sistema educativo sin las capacidades adecuadas de lectura y escritura y sin los conocimientos básicos de matemáticas y ciencias para enfrentar el mundo del trabajo y la vida en sociedad.  En la práctica, esos jóvenes son analfabetos funcionales, pues no consiguen decodificar lo que leen y, como tal, no están preparados para el mundo del trabajo en una sociedad crecientemente tecnológica.10

Con la creciente universalización de la educación básica y las exigencias impuestas por el mercado de trabajo, aumenta la presión sobre la enseñanza media.  Actualmente, los sistemas educativos de América Latina atienden el 64% de la población de 12 a 17 años de edad, pero apenas el 36% están frecuentando la escuela media (tasa líquida de escolarización secundaria), pues los demás están matriculados todavía en la escuela primaria, donde entraron tarde o son repitientes.11  Tradicionalmente, la escuela media latinoamericana venía ofreciendo dos opciones alternativas de educación: una de orientación académica y otra de orientación técnico-profesional.  En recientes experiencias sobre educación media en América Latina, se observa una tendencia pedagógica más comprensiva, preocupada con el desarrollo simultáneo de competencias académicas y habilidades técnicas, a la luz del argumento de que la economía está eliminando crecientemente la división entre trabajo intelectual y trabajo manual.  La escuela deberá hacer lo mismo.  De lo contrario, sus servicios, independientemente de sus eventuales méritos coyunturales, corren el riesgo de ser irrelevantes y disfuncionales a mediano y largo plazos.  En un mundo crecientemente tecnológico, el desempeño de actividades técnicas requiere hoy, por parte de los educandos una adecuada preparación intelectual que les permita tomar decisiones fundamentadas para resolver problemas y decodificar e interpretar coherentemente instrucciones y orientaciones.  Sin esa preparación intelectual, los jóvenes tendrán crecientes dificultades de acceso a oportunidades cualitativas de trabajo.

Hay señales evidentes de inequidad social en los sistemas de enseñanza en América Latina.  Por ejemplo, muchas veces los alumnos de las escuelas privadas frecuentan un promedio de 1000 a 1200 horas anuales de aula, mientras que el promedio de horas de aula en las escuelas públicas oscila entre 500 y 600 horas por año.12  Esos datos revelan que, en eses casos, mientras los alumnos de familias relativamente más pobres frecuentan 3 a 4 horas diarias generalmente en las escuelas públicas, los alumnos de las clases alta y media alta asisten 5 a 6 horas diarias generalmente en las escuelas privadas.  Aunque no se puede generalizar sobre esa materia ya que en otros casos esas diferencias no existen, los datos disponibles nos permiten pensar que el sistema educativo de un país, incluyendo escuelas públicas y privadas, debe ser un instrumento para promover la equidad y la integración social –y muchas veces lo es--, pero también puede ser un instrumento que aumenta las diferencias sociales y acentúa la discriminación social.

Un requisito fundamental para resolver este y otros problemas asociados es la voluntad política para dar a la educación la debida prioridad en los presupuestos públicos de los gobiernos nacionales y locales.  Hoy en día el porcentaje del producto interno bruto gastado en la educación en América Latina es de aproximadamente 4.5%.13  Ante el enorme déficit educativo acumulado y para no perder el tren de la historia, tal vez sería necesario doblar este índice.  Además de eso, se impone actuar inmediatamente, pues el tren de la historia es cada vez más veloz, circunstancia que afecta sumamente nuestras posibilidades reales de recuperación del déficit acumulado y de atención a las necesidades emergentes.

La literatura internacional en el campo de la educación revela que el profesor y sus métodos de enseñanza-aprendizaje son la llave maestra que explica los niveles de desempeño escolar.  En esa materia, América Latina tiene un enorme desafío delante de sí, pues el 40% de los profesores de educación básica no tienen el título académico exigido para el ejercicio del magisterio y muchas veces utilizan modelos frontales de enseñanza, de carácter autoritario, que enfatizan la memoria sobre la creatividad y valorizan el conformismo sobre el espíritu crítico.14

Junto con la formación deficiente de los educadores está su baja remuneración.  Ante los bajos salarios –que en los años noventa son, en general, más bajos que en los años ochenta15 – es muy difícil motivar y reclutar buenos candidatos para el magisterio.  En muchos países de la región, los profesores ganan menos que las personas que desempeñan actividades domésticas y, en la media, un poco más que las que limpian las calles de nuestras villas y las playas de nuestras ciudades.  En algunos casos, los profesores ganan efectivamente menos que las personas, muchas veces analfabetas, que limpian las calles de nuestras ciudades.16  A pesar de eso, en la mayoría de los países de América Latina, los salarios de los profesores consumen más de los dos tercios del gasto público en educación, indicador evidente de que los gobiernos no atribuyen la debida prioridad a la educación en los presupuestos públicos.  Los datos también revelan que de los gastos públicos con educación se destina menos del 1% para la compra de material didáctico que, según datos empíricos, tiene un impacto significativo en la calidad de la educación, por causa de su estrecha asociación con los métodos de enseñanza.17

En la universidad latinoamericana la situación no es muy diferente.  La falta de atención a la universidad pública en toda América latina es muy grave, pues inhibe la capacidad de los países para construir y distribuir el conocimiento científico y tecnológico.  Ese es especialmente el caso de los países en los que la investigación científica se realiza primordialmente en las universidades públicas.  Un buen ejemplo es Brasil, en donde, según datos de las agencias de fomento a la investigación, más del 90% de la investigación científica se realiza en instituciones públicas de enseñanza superior.  Solamente este dato es suficiente para concluir que la falta de atención a la universidad pública compromete seriamente el desarrollo científico del país y el desempeño educativo en todos los niveles de enseñanza.  En cuanto a la calificación del magisterio universitario, los datos existentes revelan que solamente uno de cada cinco profesores en América Latina, incluyendo universidades públicas y privadas, tiene el título académico de doctorado.18  En ese cuadro regional, Brasil presenta una situación más satisfactoria, especialmente en la universidad pública.  Según reportaje local publicado en mayo de 2000, el 80% de los profesores tienen título de doctorado; este índice, según el mismo reportaje, baja a un promedio del 30% en las universidades privadas de São Paulo.19  En contrapartida, crece el número de universidades privadas que hoy pagan salarios relativamente más elevados que las universidades públicas.  Como un todo, sin embargo, la insuficiente calificación de los profesores en América Latina se debe, en parte, a los bajos niveles de remuneración e incentivo profesional, que están lejos de ser comparables con los de otras profesiones.  Consecuentemente, muchos de los mejores investigadores y científicos abandonan la universidad en búsqueda de mejores condiciones de trabajo y de vida.  De los profesores que permanecen en la universidad, 50% de ellos van a la lucha por su supervivencia material y la de su familia, con uno o varios empleos adicionales.20

Tendencias y desafíos 

Esos pocos datos estadísticos no revelan todo; pero tampoco dejan de revelar algo.  Revelan, por ejemplo, que los sistemas educativos de América Latina enfrentan desafíos de enormes proporciones.  Revelan que, en muchos aspectos, los sistemas de enseñanza y aprendizaje y los modelos de organización y gestión de la educación no acompañaron los desarrollos científicos y tecnológicos de otras áreas de conocimiento.  Revelan que, aunque los profesores enseñen, muchas veces los alumnos no aprenden, porque la escuela no ofrece condiciones propicias de aprendizaje.  En realidad, la escuela precisa adoptar un paradigma pedagógico activo y constructivo que enfatice el aprender sobre el enseñar; un paradigma que valorice el aprender a aprender, lema básico de la educación permanente, que se impone hoy como indispensable en un mundo caracterizado por cambios cada vez más veloces e imprevisibles.

Que más revelan las estadísticas seleccionadas?  Revelan que, en muchos casos, los recursos financieros destinados a la educación pública son escasos para enfrentar las dificultades y necesidades educativas de la población.  En otros casos, los recursos disponibles son inadecuadamente distribuidos o mal administrados.  Falla la focalización y falla la gestión.  Finalmente, en los casos más graves, los recursos para la educación son, simultáneamente, escasos, mal distribuidos e ineficientemente administrados.  Si bien necesitamos profundizar las investigaciones sobre este tema, existe consenso generalizado sobre la necesidad de aumentar la eficiencia en la gestión del sistema educativo y en la administración local de las instituciones educativas y sobre la necesidad de aumentar, simultáneamente, los recursos para la educación en todos los niveles de enseñanza.  Son innumerables los edificios de las escuelas y universidades públicas en América Latina que están en estado físico deplorable.  Los laboratorios son obsoletos.  Las bibliotecas son pobres.  Los medios tecnológicos de información y comunicación son limitados.  Los materiales pedagógicos son escasos.  Los profesores requieren mejor calificación y mejores condiciones de trabajo para enfrentar las responsabilidades que cargan sobre sus hombros.

Si tuviese que optar por un tema prioritario de ese abanico de problemas y desafíos, optaría por el último, o sea, optaría por aumentar sustantivamente la inversión en la mejoría del magisterio sin distinción de nivel de enseñanza, adoptando dos estrategias fundamentales: mejorar la educación inicial y continuada de los educadores y mejorar sus condiciones actuales y futuras de trabajo.  Las dos estrategias son complementarias.  Requerimos mejores escuelas para poder ofrecer mejores niveles de desarrollo educativo y cultural.  Pero si queremos mejores escuelas, requerimos mejores educadores; y, si queremos mejores educadores, es necesario ofrecer mejores condiciones de trabajo y mejores niveles de remuneración.  Esta es la lógica que funciona para todas las profesiones en todo el mundo.  Entretanto, en nuestros medios educativos, tanto gubernamentales como privados, parecería que todavía existen aquellos que encuentran que la dedicación al magisterio es una cuestión de vocación o interés y, ante eso, descuidan la importancia de la profesionalización del magisterio y de la adopción de un sistema decente de remuneración de la actividad docente.  La vocación o el interés genuino por el magisterio es importante si, como es importante la vocación y el interés por el ejercicio del derecho y la economía, de la medicina y la ingeniería, así como de cualquier otra profesión, siempre que esté acompañada de condiciones dignas de trabajo. Una de esas condiciones dignas es el derecho humano del profesor a un sistema decente de remuneración de su trabajo.21

Existen otros desafíos nacionales y regionales para la educación y la sociedad actual en América Latina.  Por ejemplo, hay fuertes evidencias de que los conocimientos básicos de lenguaje y de ciencias, como instrumentos de comunicación y de integración de la población al mundo del trabajo, han sido factores históricamente importantes para promover el desarrollo humano sustentable y propiciar el ejercicio pleno de la ciudadanía.  La importancia de la educación, en particular de la educación básica, como factor de construcción y distribución del conocimiento se acentúa hoy ante la profundidad y rapidez de las transformaciones económicas y tecnológicas a escala internacional.  Es precisamente en este contexto de mundialización de la economía que se observa una nueva efervescencia política e intelectual en los medios educativos del Hemisferio. El hecho es que muchos países de América Latina ensayan hoy nuevas experiencias de reforma educativa en los niveles local y nacional.  Las innovaciones y reformas en curso se refieren especialmente a los siguientes temas: el papel central de la escuela y la calidad del ambiente escolar; el currículo y el proceso de aprendizaje; la calidad de la función docente; la aplicación de la tecnología en la educación; y las nuevas formas de gestión local de la educación.22  Sus objetivos generales se concentran en la consecución de mejorías en la eficiencia, la equidad, la relevancia y la calidad de la educación.23

En este conjunto de escenarios, los gobiernos de los países del Hemisferio celebraron la Segunda Cumbre de las Américas en Santiago de Chile en abril de 1998.  Esa oportunidad histórica ha estimulado a las instituciones académicas y a los organismos internacionales a estudiar y evaluar experiencias locales y nacionales de reforma educativa y a proponer alternativas de cooperación regional en el campo de la educación.  En ese contexto, la Organización de los Estados Americanos preparó un estudio sobre la situación, las tendencias y los desafíos educativos en las Américas y sobre sus implicaciones para la formulación de políticas públicas y estrategias de acción colectiva en materia de educación.24  Entre las tendencias identificadas, están las siguientes:

1. Aumenta la presión por elevar la calidad de la educación en todos los niveles y modalidades de enseñanza, especialmente en la educación básica, incluyendo la educación inicial y el desarrollo integral de la infancia.

2. Como resultado del crecimiento general de la matrícula y de las exigencias impuestas por las nuevas condiciones y necesidades de la sociedad moderna, aumenta la importancia de hacer inversiones en la educación del nivel medio, con énfasis en el desarrollo intelectual, cultural y tecnológico de la juventud.

3. Crece la conciencia social sobre la importancia de la educación para la promoción de la ciudadanía y el ejercicio de la democracia, el respeto por  los derechos humanos y la defensa del medio ambiente.

4. Aumenta la presión para lograr mayor unidad y relevancia en los programas educativos, a fin de ofrecer a la juventud instrumentos efectivos de preparación para el trabajo y la vida en sociedad, a la luz de las competencias intelectuales y habilidades técnicas requeridas en un mercado de trabajo en permanente transformación.

5. Aumenta la importancia de investir en la aplicación de las tecnologías de la información y comunicación en la enseñaza y el aprendizaje y en la gestión de las escuelas y sistemas educativos. Simultáneamente, crece la conciencia sobre la necesidad de explorar mecanismos para reducir la brecha digital que separa los países en términos económicos y las personas en el interior de los países, sean ellos económicamente avanzados o pobres.

6. Crece el énfasis en la centralidad de la escuela y la universidad como instituciones sociales por excelencia de los sistemas educativos y consolídase la tendencia hacia el aumento de la autonomía de la administración escolar y universitaria.  Al mismo tiempo, muchos gobiernos nacionales están promoviendo reformas que incluyen la adopción de orientaciones curriculares de aplicación nacional junto con sistemas de información y evaluación de desempeño de las instituciones educativas, los profesores y los alumnos.

Esas tendencias son un reflejo de las políticas y prácticas renovadoras adoptadas recientemente en la educación latinoamericana.  Pero la educación es apenas el primer eje fundamental de una política social sostenible y relevante en América Latina.  Le sigue la generación de oportunidades de trabajo.

El trabajo como el segundo eje de una política social
comprometida con la equidad y la ciudadana

Los efectos sociales de la educación están significativamente asociados a la generación de oportunidades de trabajo.  Mientras los efectos de la educación sobre la equidad y la ciudadanía se manifiestan en el largo plazo, la generación de oportunidades de trabajo tiene efectos más inmediatos, pues el trabajo genera las condiciones materiales necesarias para el sustento del trabajador y su familia aquí y ahora. 

La problemática actual del trabajo --en términos de desempleo abierto, elevados niveles de desempleo entre jóvenes, mujeres y grupos excluidos, subempleo y caída en la calidad del empleo-- es la preocupación inmediata más urgente de la política social en América Latina.  Esa preocupación se ha acentuado en los últimos años, por la disminución relativa en las tasas de crecimiento de la economía, acompañada de un aumento significativo en las tasas de desempleo en la ciudad y el campo.  El año pasado, en diez países de América Latina las tasas de desempleo urbano oscilaban entre el 10 y el 18 por ciento.  Esta situación es parte de la explicación de la falta de progreso en la reducción de la pobreza en el final de la presente década y del aumento del número absoluto de pobres en los países en vías de desarrollo.25

La generación de oportunidades de trabajo debe, por tanto, ser el objetivo principal de la política económica y del diálogo social entre gobierno, empresarios y trabajadores.   Obviamente, no hay soluciones fáciles en esa materia.   Se impone, en primer lugar, crear un ambiente macroeconómico que favorezca el desarrollo estable y sostenible, incentivando la inversión productiva y apoyando a las empresas que generan oportunidades de trabajo, especialmente las medianas, pequeñas y microempresas.  Junto con una política de generación de oportunidades de trabajo, es necesario prestar atención especial a la capacitación y actualización de los trabajadores.  Este tema, de suyo, implica una interacción estrecha entre los centros de formación de jóvenes líderes y el sector de la producción, y entre estos y el sistema educativo del país.

La flexibilización laboral es uno de los temas centrales de la actual agenda internacional y del diálogo social en materia de política laboral al interior de los países de la región.  La preocupación de los debates es elaborar y adoptar formas de contratación de bienes y servicios capaces de atender simultáneamente las necesidades actuales del mundo del trabajo y los derechos sociales del trabajador.  En ese sentido, los últimos años son testimonio de la creciente creación de espacios de flexibilidad en la contratación de bienes y servicios, en función de un contexto caracterizado por crecientes cambios tecnológicos, muchas veces imprevisibles.  Lo cierto, entre tanto, es que las negociaciones en curso revelan que la flexibilización en la contratación de bienes y servicios no es una solución mágica o una nueva panacea para resolver los actuales problemas de demanda laboral.  Si bien es cierto que las negociaciones caminen en la dirección de una mayor flexibilidad en los sistemas de contratación, también crece la conciencia ciudadana sobre la necesidad imprescindible de adoptar una mayor uniformidad y seguridad en los regímenes de servicios sociales, para preservar la calidad del trabajo, para prever sistemas polivalentes de educación y capacitación y, especialmente, para garantizar los derechos humanos del trabajador en términos de jubilación, seguro de desempleo, empleo de emergencia y otros mecanismos de protección social, como la continuidad en el acceso a los servicios de salud y la permanencia en el sistema escolar de los hijos de los trabajadores desempleados.

El  diálogo social es un instrumento fundamental para buscar soluciones para este y otros problemas que existen en el mundo del trabajo.   Es preciso intensificar los esfuerzos en curso para establecer una política laboral eficiente y equitativa, capaz de proteger los intereses colectivos y de crear un ambiente propicio para la generación de crecientes oportunidades de trabajo.  Es particularmente importante adoptar medidas que favorezcan el perfeccionamiento de los mecanismos de negociación colectiva para poder enfrentar solidariamente los desafíos propios de la competitividad impuesta por los crecientes cambios económicos y tecnológicos nacionales e internacionales.

Educación y trabajo 

El trabajo como factor esencial para promover la equidad, la ciudadanía y el desarrollo humano sostenible está directamente relacionado con el mundo de la educación.  En ese contexto, un problema que tradicionalmente vienen enfrentando los sistemas educativos, problema que creó la propia demanda inicial de muchas de las reformas educativas en curso, es la percepción cada vez más aguda de que las escuelas no consiguen responder efectivamente a las siempre nuevas y, en gran parte, imprevisibles condiciones del mercado de trabajo.  En la Declaración de la Cumbre Presidencial de 1998 en Santiago, los Jefes de Estado de las Américas reconocieron que la falta de preparación intelectual y de dominio de las competencias básicas para el trabajo continúa siendo un problema para grandes contingentes de la población.  Los Jefes de Estado reconocieron también que la distancia existente entre los conocimientos adquiridos en la escuela y las competencias necesarias en el mundo del trabajo y en la vida en sociedad exigen soluciones urgentes y comprensibles que superan las posibilidades reales de los programas tradicionales de educación.  La globalización de la economía, la liberalización del comercio internacional y la aceleración de los cambios tecnológicos tienen importantes implicaciones para la reformulación de la política y la práctica educativa en todos los niveles y modalidades de enseñanza.

Para resolver el problema de la transición entre la escuela y el trabajo, los formuladores de políticas públicas enfrentan un doble desafío.  El primer desafío se refiere a como incorporar grandes contingentes de adultos fuera del sistema escolar formal en programas que los preparen adecuadamente para el trabajo productivo y bien remunerado.  El segundo desafío guarda relación con los enfoques y modelos pedagógicos capaces de desarrollar en la escuela los conocimientos y competencias básicas requeridas en un mundo del trabajo en permanente transformación.  El  propio contexto del trabajo es considerado hoy un antecedente fundamental para definir la orientación política y las estrategias de acción en materia de educación (Brasil, MEC, 1998).  La orientación política es particularmente crucial.  Es falsa la premisa de que la educación genera empleos y puestos de trabajo.  La  generación de puestos de trabajo está en función de la política macroeconómica adoptada por el país, en el contexto del comportamiento interno de las fuerzas económicas y políticas internacionales.  Lo que el sistema educativo puede y debe hacer es ofrecer a la población oportunidades y condiciones propicias de educación y formación, buscando su inserción y reinserción cualitativa en la sociedad.  Para que eso sea posible, la escuela necesita adoptar una orientación pedagógica comprensiva, capaz de promover una genuina formación intelectual aliada a una preparación general para el mundo del trabajo.  Aquí también, tal orientación pedagógica ha de favorecer el aprender sobre el enseñar, el investigar sobre el memorizar, el construir sobre el transmitir.

La ciudadanía y sus derechos y compromisos políticos

El tercer eje de una política social relevante es la ciudadana, definida en términos de derechos civiles y de compromisos políticos.  Entendida como titularidad de derechos civiles, la ciudadanía se refiere al ejercicio de la autonomía individual y de la libertad humana de las personas en el ámbito de la sociedad y las comunidades que integran.  Entendida como compromiso político con el destino colectivo de la sociedad, la ciudadanía se refiere a la participación de los individuos en los asuntos públicos y en las múltiples instancias comunitarias y sociales.  Ser ciudadano, por tanto, significa ejercer el legítimo derecho a los beneficios de la acción pública del Estado.  Ser ciudadano implica tener derecho a la libertad de opinión y a la participación en la política, tener derecho a la cultura y la educación, tener derecho a seguridad y a la salud pública, tener derecho a la justicia y a las oportunidades de trabajo y previsión social.  En contrapartida, ser ciudadano significa interesarse por los problemas locales, nacionales e internacionales y promover el fortalecimiento de las redes sociales que integra.  Ser ciudadano significa participar solidariamente en proyectos colectivos y en otras actividades destinadas a promover el bien común.

Esta perspectiva comprensiva de derechos y compromisos en el ámbito de la sociedad significa desarrollar la ciudadanía civil en términos de libertad individual, y el fortalecimiento de la ciudadanía política en términos de participación en los procesos decisorios que afectan los destinos colectivos.  Significa promover la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales, incluyendo el acceso a los instrumentos para participar del diálogo y del intercambio de información y conocimientos.  Significa, finalmente, combinar las políticas desarrolladas en el ámbito del Estado con las nuevas prácticas de los movimientos sociales y el propio capital social generado por la sociedad civil.  Esa perspectiva comprensiva permitirá ampliar el espacio público para poder enfrentar a la fuerza dominadora del espacio privado, con el objetivo de desarrollar una conciencia más profunda al respeto de las  responsabilidades solidarias de todos los atores sociales en la creación y utilización de los bienes públicos.26

El fortalecimiento de la ciudadanía en términos de participación efectiva de los actores sociales en los asuntos públicos es esencial para enfrentar el deterioro de la cohesión social, la explosión de la violencia urbana, la perdida de identidad colectiva y el debilitamiento de las redes de protección social, tanto las redes de protección del Estado como las redes tradicionales de protección en el ámbito de la sociedad, como la familia, la iglesia y la comunidad local.  Esta perdida de identidad cultural y de capital social puede corroer las instituciones sociales y cuestionar la propia legitimidad política de los gobernantes, lo cual puede afectar, de distintas maneras, los sistemas democráticos, como recientemente hemos visto en algunos países de América Latina.

Este hecho destaca la importancia de fomentar los lazos de solidaridad, tanto a partir del Estado como a partir de la sociedad civil.  En ese contexto, es importante  reiterar que lo público no debe ser confundido con lo estatal, más bien debe ser concebido como el espacio de los intereses colectivos de las comunidades y de la sociedad como un todo.  Ese concepto de “lo público” implica promover, por parte del Estado y de la iniciativa privada, una participación más activa de todos los atores sociales en instituciones políticas genuinamente democráticas.  El concepto de lo público implica también desarrollar mecanismos propios de la sociedad civil que fortalezcan las relaciones de solidaridad, tanto al interior de las comunidades como entre ellas, para promover una cultura de convivencia, con el objetivo de construir formas cualitativas de vida humana colectiva.

A manera de conclusión

Al terminar esta reflexión sobre los tres ejes fundamentales de una política social sostenible y relevante en América Latina en el contexto del proceso de globalización y a la luz del modelo económico que lo sustenta,  llamo la atención a algunos interrogantes fundamentales que encienden el debate político y académico.   En el debate se pregunta en que sentido la nueva economía de la globalización estimula o desestimula la promoción de una ciudadanía políticamente comprometida con la promoción de los intereses colectivos de nuestras comunidades?  En que medida la adopción de las reglas del mercado y del individualismo de la nueva economía de la globalización puede corroer el capital social que el propio modelo económico vigente requiere? 

El informe divulgado por la CEPAL en abril del año 2000 llama la atención sobre la gran controversia que existe en esa materia.  Por un lado de la moneda está la visión de que los elementos centrales del desarrollo humano sostenible, como educación y trabajo, son derechos humanos, derechos consagrados por los propios países en la Carta Constitutiva de la Organización de los Estados Americanos y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas.  Por el lado opuesto de la moneda está la concepción de que los elementos definidores del desarrollo humano sostenible, como educación y trabajo, son bienes o mercancías que cada individuo tiene que adquirir con su esfuerzo personal.  Cabe entonces reiterar las preguntas de la agenda de la CEPAL sobre hasta donde va el mundo de las mercancías y donde comienza el mundo de los derechos?  Hasta donde va el mundo de los consumidores y donde comienza el mundo de los ciudadanos?27 

La promoción de la ciudadanía ciertamente está en el centro de los caminos para dirimir ese dilema esencial.  En ese contexto, veo con esperanza las propuestas de una escuela ciudadana28, sea ella estatal o privada.  Veo con esperanza los esfuerzos de los pensadores de una pedagogía ciudadana, basada en la participación solidaria de los profesores, alumnos, padres de familia y representantes de la comunidad en la concepción y promoción de los intereses educativos colectivos.  Veo con esperanza las experiencias pedagógicas que enfatizan el aprender sobre el enseñar, el construir sobre el repetir, el crear sobre el memorizar, el convivir sobre el vivir y, sobre todo, el aprender a aprender como forma de consolidar el ejercicio de la ciudadanía para toda la vida. 

De la misma manera, veo con esperanza el desarrollo de nuevas formas de trabajo y ocupación en un momento en que somos protagonistas de nuevas formas de ordenamiento y convivencia social.  Veo con esperanza los esfuerzos de los pensadores de un paradigma de trabajo ciudadano, basado en el análisis de los resultados del diálogo social y de la negociación colectiva.  En esa tarea, es importante tomar en cuenta la experiencia acumulada a lo largo del tiempo y las actuales condiciones históricas-- incluyendo la creciente incorporación de la mujer y otros grupos sociales en el mercado de trabajo--, y prever un sistema ampliado y seguro de protección a los derechos sociales del trabajador.  Veo con esperanza el desarrollo de prácticas laborales más flexibles, acompañadas de mecanismos de protección social, que nos permitan atender a las aspiraciones personales y, a la vez, a promover los intereses colectivos de la sociedad.

El objetivo de esta reflexión fue mostrar que la educación, el trabajo y la ciudadanía son tres ejes estrechamente asociados de una política social comprensiva y relevante en América Latina y que definen, en gran parte, los contornos de nuestra trayectoria para toda la vida.  Vida que tiene como característica esencial la evolución, el cambio, la transformación.  “La vida  es un gerundio y no un participio,” enseña Ortega y Gasset.  Para los efectos de esta reflexión, este pensamiento sugiere conjugar el educar, el trabajar y el ejercer la ciudadanía en el gerundio.  De esa manera, estaremos educando, trabajando y actuando colectivamente en tiempo real, para enfrentar solidariamente los desafíos económicos, sociales y culturales de nuestras comunidades y la sociedad como un todo. 

Notas y Referencias

1 United Nations Development Program, Human Development Report 1999. New York/Oxford, Oxford University Press, 1999.

2 José Joaquín Brunner, “Educación Superior y Desarrollo,” La Educación, Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Año XLIII, No.132-134, 1999.

3 José Joaquín Brunner, Idem, 1999.

4 Francisco Sagasti et al., Equidad, Integración Social y Desarrollo. Lima, Agenda Perú, 1999.

5 CEPAL, Equidad, Desarrollo y Ciudadanía. Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago, Chile, Abril 2000.

6 CEPAL, Equidad, Desarrollo y Ciudadanía. Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Santiago, Chile, Abril, 2000, p. 76.

7 Pedro Demo, Avaliação Qualitativa, São Paulo, Cortez Editora, 1987. (1990?); Benno Sander, Educación, Administración y Calidad de Vida, Buenos Aires, Ediciones Santillana, 1990; Benno Sander, Gestión Educativa en América Latina: Construcción y Reconstrucción del Conocimiento. Buenos Aires, Editorial Troquel, Seire Educación, 1996. 

8 UNESCO, Statistical Yearbook  (1968, 1978, 1979, 1994 and 1995), Paris, France; Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

9 Ernesto Schiefelbein  and Laurence Wolff, “Repetición y Rendimiento Inadecuado en Escuelas Primarias de América Latina: Magnitudes, Causas, Relaciones y Estratégias”, Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe No. 24, Santiago, Chile, UNESCO, OREALC, 1995; Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

10 UNESCO/OREALC, “Situación de América Latina y el Caribe, 1980-1989, Santiago, Chile, 1992; Maria de  Ibarrola, “ Dinámicas de Transformación de los Sistemas Educativos,” in J. M. Puryear y J. J. Brunner, Education Equity and Economic Competitiveness in the Americas, Vol II.  Washington, DC, Organization of American States, 1995.

11 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

12 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

13 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

14 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

15 Martin Carnoy and Claudio de Moura Castro, “Improving Education in Latin America: Where to Now? A Background Paper for the Inter-American Development Bank.” Seminar in Education Reform IN Buenos Aires, Argentina 1996.

16 K. Ellison, T. Johnson and J. O. Tamayo, “Latin America’s Schools”. The Miami Herald, Miami, July 27 29, 1997.

17 UNESCO, World Education Report 1991, Paris, France, 1991; Ernesto Schiefelbein  and Laurence Wolff, “Repetición y Rendimiento Inadecuado en Escuelas Primarias de América Latina: Magnitudes, Causas, Relaciones y Estratégias”, Proyecto Principal de Educación en América Latina y el Caribe No. 24, Santiago, Chile, UNESCO, OREALC, 1995 Schiefelbein y Wolff, 1995; Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

18 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

19 Folha de São Paulo, São Paulo, May 21, 2000.

20 P. G. Altbach, ed., The International Academic Profession: Portraits of Fourteen Countries.” The Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching, Princeton, New Jersey, 1997.

21 International Labor Office, “Decent Work and Poverty Reduction in the Global Economy”, Geneva, April 2000.

22 Cecilia Braslavsky, Re-haciendo Escuelas: Hacia un Nuevo Paradigma en la Educación Latinoamericana, Buenos Aires: Ediciones Santillana, Aula XXI, 1999. Macela Gajardo, Reformas Educativas en América Latina: Balance de Una Década. Santiago, Chile, PREAL, Corporación de Investigaciones para el Desarrollo (CINDE), 1999.

23 Benno Sander, Gestión Educativa en América Latina: Construcción y Reconstrucción del Conocimiento. Buenos Aires, Editorial Troquel, Seire Educación, 1996.  Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

24 Ernesto Schiefelbein, Paula Schiefelbein, Benno Sander et al., Educación en las Américas: Calidad y Equidad en el Proceso de Globalización. Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, Unidad de Desarrollo Social y Educación, 1998.

25 World Bank, Global Economic Prospects and the Developing Countries 2000, December 1999. 

26 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Equidad, Desarrollo y Ciudadanía. Santiago, Chile, Abril 2000.

27 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Equidad, Desarrollo y Ciudadanía. Santiago, Chile, Abril 2000.

28 Moacir Gadotti, Escola Cidadã,  São Paulo, Cortez Editora, 1992.

 

 


 

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