Educación y Política Social
Punto de Vista

Benno Sander
Director de Educación y Desarrollo Social
Organización de los Estados Americanos

Reflexión sobre política social y educación en el contexto de la globalización,
Washington, DC, Organización de los Estados Americanos, junio de 2000

Globalización, sociedad del conocimiento y desarrollo humano sostenible son temas centrales de la agenda política y académica internacional en la llegada del nuevo milenio.  Esos conceptos contrastan con problemas sociales urgentes, como pobreza, discriminación, inequidad y desempleo.  Cabe entonces considerar el contexto en el que se manifiestan esos problemas en América Latina y el Caribe y preguntar sobre las posibles estrategias para su superación.  Esa es la preocupación que inspira esta reflexión. 

Entre el conjunto de problemas sociales que caracterizan el tránsito hacia el siglo XXI, se destaca la creciente inequidad en la distribución de los resultados de la actual fase del proceso de globalización.  La inequidad se manifiesta tanto entre los países ricos y pobres como dentro de los propios países, sean ellos ricos o pobres.   En ambos casos aumenta la brecha que separa a comunidades y personas en términos económicos, sociales y culturales.  En ese contexto, la situación de América Latina es particularmente grave, pues sus índices de concentración de renta y de desigualdad social son más elevados que los de cualquier otra región del mundo.  

El primer desafío para superar estos problemas es la formulación de políticas públicas relevantes y sostenibles, involucrando las múltiples instancias de gobierno así como la iniciativa privada.  El concepto de políticas públicas en torno de objetivos sociales de interés colectivo requieren, por tanto, el desarrollo de alianzas interinstitucionales y la ampliación de los espacios de participación de las organizaciones de la sociedad civil.  Solo así podremos construir una sociedad cimentada en una nueva ética de convivencia humana colectiva que tenga la libertad y la equidad como sus principios orientadores.  En este contexto, la superación de la pobreza se impone como un compromiso político y ético para el conjunto de la sociedad.  En función de ese compromiso, una política social relevante y sostenible necesita prestar atención prioritaria a los sectores excluidos y discriminados de nuestras comunidades. 

Son dos los elementos esenciales de una política social relevante y sostenible comprometida con la consecución de la libertad y la equidad en la promoción de una sociedad ciudadana: la educación y el trabajo.  La educación está directamente relacionada con la formación de ciudadanía civil y política, la promoción de un futuro sostenible y la consecución del desarrollo humano fundamentado en la libertad individual y en la equidad social.  La educación debe, por tanto, ser la primera prioridad de la política social; la primera prioridad en la apropiación del gasto público; la primera prioridad en las preocupaciones de las instituciones de la sociedad civil organizada, en particular la familia, la iglesia y las múltiples instancias de los movimientos sociales de nuestras comunidades.  Esas preocupaciones deben centrarse simultáneamente en la ampliación de cobertura escolar desde la educación primaria hacia la educación preescolar y la educación media; así como en la mejoría de la calidad de la oferta educativa en todos los niveles de enseñanza.  Además de la adquisición de los contenidos académicos fundacionales, es necesario promover el desarrollo de las capacidades y habilidades para aprender a aprender, lema básico de la educación permanente, que se impone hoy como indispensable en un mundo caracterizado por cambios cada vez más veloces e imprevisibles.

La historia de la segunda mitad del siglo XX es testimonio de importantes conquistas pedagógicas.  El diagnóstico de la educación de América Latina y el Caribe revela que los índices de cobertura escolar y de calidad de la educación mejoraron considerablemente en todos los niveles y modalidades de enseñanza.  Sin embargo, las reformas efectuadas a lo largo de los años y los progresos alcanzados contrastan con la persistencia de considerables déficits educativos acumulados.  La literatura especializada revela que, en muchos aspectos, los sistemas de enseñanza y aprendizaje y los modelos de organización y gestión de la educación no consiguieron acompañar los desarrollos científicos y las innovaciones tecnológicas del mundo moderno.  Las estadísticas revelan también que, en muchos casos, los recursos financieros destinados a la educación pública son escasos para enfrentar las dificultades y necesidades educativas y culturales de la población.  En otros casos, los recursos disponibles son inadecuadamente distribuidos o mal administrados.  Finalmente, en los casos más graves, los recursos para la educación son simultáneamente escasos, mal distribuidos e ineficientemente administrados.  Falta voluntad política y falla la focalización y la gestión.  Finalmente, el diagnóstico revela que, aunque los profesores enseñen, muchas veces los alumnos no aprenden.  Y no aprenden porque la escuela no ofrece condiciones propicias para un efectivo aprendizaje.  En vez del modelo tradicional basado en enseñar, la escuela necesita adoptar un paradigma pedagógico que haga énfasis en el aprender sobre el enseñar, en el hacer sobre el escuchar, en el investigar sobre el memorizar, en el construir sobre el transmitir. 
 
Existen abundantes pruebas empíricas de que el profesor y sus métodos de enseñanza y aprendizaje son la llave maestra que explica los niveles de desempeño escolar.  Por tanto, la mejoría en el ejercicio del magisterio requiere atención prioritaria si queremos superar los actuales problemas educativos.  En esa materia, América Latina enfrenta un desafío de enormes proporciones, pues el 40% de los profesores de educación básica no tienen la preparación académica exigida para el ejercicio del magisterio.  En cuanto a la cualificación del magisterio universitario en América Latina, los datos existentes revelan que solamente un profesor de cada cinco tiene un título académico de doctorado.  En ambos casos, la insuficiente calificación de los profesores viene acompañada de niveles de remuneración e incentivo profesional mucho menores a los niveles de compensación adoptados en otras carreras profesionales.  Mi hipótesis es que la falta de motivación y calificación de los profesores está directamente relacionada con los bajos niveles de incentivo profesional.

La primera estrategia para enfrentar la problemática del magisterio es mejorar la educación inicial y continuada de los educadores.  La segunda estrategia es mejorar sus condiciones de trabajo.  Estas dos estrategias son complementarias.  Requerimos mejores escuelas para poder ofrecer mejores niveles de desarrollo educativo y cultural.  Pero si queremos mejores escuelas, requerimos de mejores educadores; y, si queremos mejores educadores, es necesario ofrecer mejores condiciones de trabajo y mejores niveles de remuneración e incentivo profesional.  La mejoría en la calificación del magisterio y de sus condiciones de trabajo está incluida en el conjunto de desafíos educativos y sociales que enfrentan los gobiernos,  el sector privado y la sociedad en general.  Esos desafíos se acentúan hoy ante la profundidad y rapidez de las transformaciones económicas y tecnológicas a escala nacional e internacional.  En ese contexto de mundialización, se observa hoy una nueva efervescencia política e intelectual  en los medios educativos del Hemisferio.

Pero la educación es apenas el primer eje de una política social relevante y sostenible.  Le sigue la generación de oportunidades de trabajo.  En cuanto los efectos sociales de la educación se manifiestan a largo plazo, la creación de oportunidades de trabajo tiene efectos más inmediatos, pues el trabajo genera las condiciones materiales necesarias para la supervivencia del trabajador y su familia aquí y ahora.  Por eso, la problemática del trabajo es la preocupación inmediata más urgente en América Latina y el Caribe.  Esa preocupación se acentúa en los últimos años por causa de la disminución relativa en las tasas de crecimiento de la economía latinoamericana y del consiguiente aumento en las tasas de desempleo en las ciudades y el campo. 

La generación de oportunidades de trabajo debe, por tanto, ocupar lugar prioritario en la política económica de los países de la región y del diálogo social entre gobierno, empresarios y trabajadores.  Obviamente, no hay soluciones fáciles en esa materia.  En La búsqueda de posibles soluciones, se impone antes que nada, crear un ambiente macroeconómico que favorezca el desarrollo sostenible, a través del incentivo a la inversión productiva y del apoyo a las empresas que generan oportunidades de trabajo, especialmente las medianas, pequeñas y micro-empresas.  Junto con una política de generación de oportunidades de trabajo, es necesario prestar atención especial a la capacitación para el trabajo y al desarrollo de la juventud.  Este tema, a su vez, implica una interacción estrecha entre los centros de formación de jóvenes líderes y el  sector productivo, y entre éstos y el sistema educativo del país.

La flexibilización laboral es uno de los temas centrales de la actual agenda internacional y del diálogo social en materia de política laboral en las Américas.  Si bien las negociaciones colectivas en curso caminan en la dirección de una mayor flexibilidad en los sistemas de contratación de bienes y servicios, crece la consciencia ciudadana sobre la necesidad de adoptar una mayor uniformidad y seguridad en los regímenes de servicios sociales.  Su objetivo es preservar la calidad del trabajo, prever sistemas adecuados de capacitación y actualización permanente y, especialmente, garantizar los derechos humanos del trabajador en materia de previsión social y servicios de educación, salud, justicia y seguridad pública. 

El examen de la relación entre el mundo del trabajo y el mundo de la educación revela que uno de los  problemas persistentes de los sistemas de enseñanza es la percepción de que la escuela no consigue dar respuestas adecuadas a las siempre nuevas condiciones del mercado de trabajo.  La distancia entre los conocimientos adquiridos en la escuela y las competencias necesarias para el mundo del trabajo y la vida en sociedad exige soluciones urgentes y comprensivas que traspasan las posibilidades reales de los programas tradicionales de enseñanza.  Este hecho, sumado a las consecuencias de la globalización de la economía y a la aceleración de los cambios tecnológicos, tiene importantes implicaciones para la formulación de políticas públicas en materia de educación, trabajo y desarrollo social sostenible.

Para hacer viable una transición adecuada entre el mundo de la educación y el mundo del trabajo, la escuela necesita ofrecer oportunidades y condiciones propicias para la formación de la juventud, teniendo como objetivo su inserción cualitativa en la sociedad.  Es decir, la escuela necesita adoptar una orientación pedagógica capaz de promover una sólida formación intelectual sumada a una preparación general para el trabajo.  Aquí también la orientación pedagógica ha de favorecer el aprender sobre el enseñar, el investigar sobre el memorizar, el construir sobre el transmitir.

Recientes decisiones en el ámbito internacional sugieren que la educación y el trabajo deben ser consideradas las llaves maestras de una política social comprometida con la promoción de la libertad humana y la defensa de los intereses colectivos de los actores sociales y de las comunidades que éstos integran.  El hecho es que la educación y el trabajo, como elementos esenciales de una genuina sociedad ciudadana, se insertan en el conjunto de los derechos económicos, sociales y culturales universalmente adoptados por nuestros países en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos. 

A la luz de esos conceptos, veo con esperanza las propuestas para una escuela ciudadana, sea ella estatal o privada.  Veo con esperanza los esfuerzos de los pensadores de una pedagogía ciudadana, basada en la participación solidaria de los profesores, alumnos, padres de familia y representantes de la comunidad local involucrados en la promoción de sus intereses educativos y sociales colectivos.  Veo con esperanza las experiencias pedagógicas que enfatizan el aprender sobre el enseñar, el crear sobre el memorizar, el convivir sobre el vivir y, sobre todo, el aprender a aprender como forma de consolidar el ejercicio de la ciudadanía para toda la vida. 
 
De la misma manera, veo con esperanza el desarrollo de nuevas formas de trabajo y ocupación en un momento en que somos protagonistas de nuevas formas de ordenamiento y convivencia social.  Veo con esperanza los esfuerzos de los pensadores de un paradigma de trabajo ciudadano, basado en el análisis de los resultados del diálogo social y la negociación colectiva.  En esa tarea, es importante tomar en cuenta la experiencia acumulada y las actuales condiciones históricas y prever un sistema ampliado y seguro de protección de los derechos sociales del trabajador.  Veo con esperanza el desarrollo de prácticas laborales más flexibles, acompañadas de mecanismos seguros de protección social, que nos permitan atender nuestras aspiraciones personales y promover los intereses colectivos de nuestras comunidades locales y la sociedad en general.

La educación, el trabajo y la ciudadanía son elementos que definen, en gran parte, nuestra trayectoria por la vida.  Vida que tiene como característica esencial la evolución, los cambios, la transformación.  “La vida  es un gerundio y no un participio,” enseña Ortega y Gasset.  Este pensamiento sugiere conjugar  el educar, el trabajar y el ejercer la ciudadana en el gerundio.  De esa manera, estaremos educando, trabajando y actuando en tiempo real, para enfrentar solidariamente los desafíos económicos, sociales y culturales de nuestra tierra y nuestras comunidades.

 

 

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