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Educación, administración y calidad de vida: caminos alternativos del consenso y del conflicto 
Esta obra apresenta uma revisão histórica e um exame crítico dos fundamentos filosóficos e sociológicos dos paradigmas dominantes de gestão da educação na era moderna e discute suas implicações para a formulação e execução de políticas e práticas educacionais. Preocupado com a promoção da qualidade de vida na educação e na sociedade, concentra sua análise na aplicação dos conceitos de liberdade e eqüidade, de cidadania e democracia na prática da administração da educação. Veja a resenha de Inés Aguerrondo.
Reseña del libro por Inés Aguerrondo
Educación, Administración y Calidad de Vida: Caminos Alternativos del Consenso y del Conflicto, de Benno Sander. Buenos Aires: Ediciones Santillana, 1990.
Benno Sander es un reconocido especialista en temas de administración y organización de la educación en toda América Latina, cuyos trabajos han aportado una visión sistemática a un conjunto de cuestiones que habitualmente no son demasiado atendidas por los especialistas del campo de la educación. Su obra, publicada principalmente en Brasil, pero también en otros países, presenta una consistencia interesante y marca indudablemente un hito en el pensamiento sobre estos temas.
El libro Educación y Administración y Calidad de Vida: Caminos Alternativos del Consenso y del Conflicto, de reciente aparición, acerca al público hispanohablante una última sistematización de sus reflexiones, con una adenda en la cual se contextúa esta problemática a la luz de las profundas transformaciones que se suceden en el orden mundial.
El trabajo presenta una revisión crítica de las teorías organizacionales y administrativas adoptadas en la educación a la luz de dos tradiciones filosóficas y sociológicas contrarias, la del consenso y la del conflicto. La sociología del consenso se fundamenta en el positivismo y en el organicismo evolucionista, y encuentra su principal desarrollo en el funcionalismo sociológico asociado a la teoría de los sistemas. La sociología del conflicto se basa sobre los conceptos filosóficos y sociológicos del marxismo y de la fenomenología asociada al existencialismo y al anarquismo. El criterio clave empleado en el estudio para la evaluación de la naturaleza y los límites de las dos tradiciones sociológicas y sus respectivos enfoques analíticos es la calidad de vida humana fundamentada en la conjunción correcta de los principios de libertad y equidad. El camino político y administrativo para la construcción de un orden social libre y equitativo es la participación, definida como estrategia democrática de acción humana colectiva.
La calidad de vida humana es, entonces, el concepto central para guiar el estudio de los fenómenos organizacionales y administrativos. Para definirlo se delimitan dos planos analíticos: calidad instrumental frente a calidad sustantiva, y calidad individual frente a calidad colectiva. La calidad instrumental se identifica con la competición desenfrenada e interesada, que tiende a acumular bienes materiales independientemente de los valores éticos establecidos colectivamente. Su orientación competitiva viene acompañada por la disparidad económica y social, atrofia del poder popular y falta de identidad cultural. En la educación esta opción se manifiesta a través de la adopción generalizada de la pedagogía desarrollista y tecnocrática inspirada en la teoría del capital humano. La calidad sustantiva da prioridad a la definición y la satisfacción de las necesidades básicas y a la promoción colectiva de toda la población en su medio cultural. Se preocupa por la distribución equitativa de los bienes materiales y no materiales y procura la participación de todos los grupos en las decisiones que afectan al bien común.
A su vez, los conceptos de calidad individual y calidad colectiva consideran la interacción entre libertad y equidad. Calidad individual significa libertad y calidad colectiva significa equidad. Solamente una intersección correcta de ambos en su contexto cultural posibilitará el desarrollo de una experiencia cualitativa de vida humana que garantice espacio adecuado para la construcción social de un orden adecuado.
La estrategia política y administrativa para la promoción de una forma de vida humana de mayor calidad es la participación. Esta estrategia se fundamenta en la premisa de que la participación favorece la definición justa de los espacios de contribución y beneficio individual de la experiencia colectiva. La participación, como forma concreta de acción humana colectiva, favorece la solidaridad y el ejercicio efectivo de la justicia social; la conciencia política y la organización social para la autopromoción; hace posible la adopción de opciones existenciales relevantes y significativas para los individuos y los grupos. En la educación, que tiene por función construir y distribuir el conocimiento, la participación favorece la construcción libre y solidaria y la distribución efectiva y equitativa del conocimiento.
Los enfoques alternativos del consenso y el conflicto dan paso a nuevas definiciones que se pueden resumir en el moderno enfoque de acción humana en la teoría organizacional. Se trata de una sociología reflexiva y ética mediante la cual el sociólogo, como actor social, está intrínsecamente comprometido con la acción. En enfoque de acción, que en su origen fue de naturaleza fenomenológica, se convirtió luego en una alternativa amplia e interdisciplinaria, de naturaleza sociológica y política. En su forma actual, los elementos principales del enfoque de acción humana en la teoría organizacional son: el método fenomenológico, la perspectiva dialéctica del poder y del control social, la orientación existencialista de la emancipación humana, y el compromiso ético con la construcción de un mundo basado en la calidad de vida humana.
Pero la acción humana se concibe desde el concepto político de acción colectiva, no desde el concepto fenomenológico de acción individual, porque defiende la especificidad de soluciones adoptadas intencionalmente en un conjunto dado de circunstancias históricas. Esto sitúa el centro de la discusión en la articulación dialéctica entre la opción humana y los sistemas organizados que limitan esa libertad. De hecho, la organización es la arena política y, como tal, la "arena del conflicto" y de las contradicciones en donde se traba la lucha por el poder burocrático y el control de sus fuentes.
Luego de repasar las características principales de dos diferentes tradiciones teóricas en educación --la pedagogía del consenso y la pedagogía del conflicto-- el autor se vuelca al análisis de la administración, que se entiende como un proceso mediador que forma parte necesaria e intrínseca de la realidad. Así, la mediación administrativa expresa todas las acciones e interacciones que se dan en el sistema educativo, ya sean internas o externas, o ya convergentes o antagónicas, es decir todas las mediaciones mediante las cuales se efectúa el movimiento de una totalidad, aun aquellas que existen entre distintas totalidades.
La naturaleza desde donde se concibe la mediación está estrechamente relacionada con la naturaleza del paradigma de administración educacional adoptado, el cual, a su vez, se fundamenta en una antropología filosófica y una filosofía social. Por ello se puede hablar de dos perspectivas contrarias de administración de la educación: la administración del consenso y la administración del conflicto.
Los principales objetivos de la administración del consenso son el logro del orden y del progreso social, la integración y la cohesión social, y la reproducción cultural y estructural de la sociedad. Incluye todas las teorías del llamado "paradigma tradicional" que tienen bases conductistas. En la concepción más clásica, el administrador actúa en la organización como agente integrador que busca al mismo tiempo optimizar la producción institucional mediante la eficacia, y la productividad individual mediante la eficiencia, con vistas a alcanzar los objetivos establecidos. Tres son los paradigmas de administración del consenso utilizados en la educación: (i) administración burocrática, en que la mediación es normativa, pues enfatiza la dimensión institucional del comportamiento organizacional; (ii) administración idiosincrática, en que la mediación es personalista, pues enfatiza la dimensión individual; y (iii) administración integracionista, en que la mediación es ambivalente, ya que enfatiza simultánea o alternativamente la dimensión institucional y/o la dimensión individual.
A partir de la crítica de la perspectiva funcionalista de la administración del consenso, aparecen nuevas formulaciones que se basan generalmente en una interacción de contribuciones conceptuales y analíticas distintas apoyadas en diferentes fuentes, como el marxismo, el existencialismo, la fenomenología interpretativa, el anarquismo, la teoría crítica, la "nueva sociología" de la educación, y el enfoque de la acción humana. Por ello, no se puede esperar que haya un paradigma único de administración del conflicto. El autor reduce su presentación a tres paradigmas alternativos existentes en este encuadre: (i) administración estructuralista, en que la mediación es determinista, pues enfatiza la dimensión institucional y objetiva del comportamiento organizacional; (ii) administración interpretativa, en que la mediación es reflexiva, ya que enfatiza la dimensión individual o subjetiva; y (iii) administración dialógica, en que la mediación es dialéctica y enfatiza la contradicción multidimensional.
Preocupado con la conceptualización de una perspectiva alternativa, el autor propone una nueva síntesis teórica de la práctica de la administración educacional en América Latina, que adopta la forma de una perspectiva holística de la administración educacional basada en el análisis de las confluencias y divergencias entre los cuatro modelos adoptados a lo largo de la historia de la educación latinoamericana. Con este enfoque, en vez de definir los fenómenos administrativos en términos de modelos paralelos y aislados, dichos fenómenos s conciben como aspectos o partes interactuantes de un paradigma multidimensional. Dicho paradigma se compone de cuatro dimensiones interactuantes: económica, pedagógica, política y cultural. A cada una de éstas corresponde un criterio administrativo predominante: eficiencia, eficacia, efectividad, y relevancia. Estos conceptos se reflejan en un sistema multicéntrico en el cual dos dimensiones sustantivas y dos dimensiones instrumentales interactúan con dos dimensiones intrínsecas y dos extrínsecas. En el centro del esquema se encuentra la administración educacional, que funciona como mediadora entre lo cultural, lo pedagógico, lo político y lo económico.
La conceptualización del paradigma multidimensional de administración de la educación está basado, además, en tres presupuestos fundamentales. El primero es que los fenómenos educacionales y las acciones administrativas son aspectos interrelacionados de una realidad global. El segundo es que en el sistema educativo hay dimensiones extrínsecas, de naturaleza política y económica, e intrínsecas, de naturaleza cultural y pedagógica. El tercero es que, como actor individual y social comprometido políticamente en su sociedad concreta, el ser humano constituye la razón de ser del sistema educativo.
En el ámbito de la perspectiva participante, fundamentada en la acción humana crítica y colectiva, la administración de la educación puede desempeñar un papel de mediación democrática (que es la que propone este paradigma) que busque preservar la autonomía de los individuos y de los distintos grupos o unidades particulares en la escuela o en el sistema educativo más amplio, para tomar sus decisiones en conjunto, respetados los principios de libertad y equidad, con vistas a desarrollar una forma cualitativa de vida humana.
Como corolario de la relación existente entre educación y política, la administración educacional es, a un mismo tiempo, un acto pedagógico y un acto político. El administrador educacional debe, desde su aspecto de político, desempeñar sus funciones con legitimidad, responsabilidad social y espíritu público. Pero también debe estar preparado técnicamente para no comprometer los intereses de los participantes en la institución escolar. En este contexto es imperativo concebir una fórmula que combine la preparación técnica de los administradores educacionales con el proceso de elección por los participantes de la institución educacional y representantes de la comunidad. La conceptualización de esta perspectiva democrática de administración de la educación como proceso de participación colectiva representa un intento de conjugar la elección libre y la preparación formal, como instrumento de naturaleza técnica.
Finalmente, el autor expresa que la perspectiva democrática de administración educacional como proceso de participación colectiva, tal como se elabora a lo largo de este interesante volumen, no constituye una conclusión sino más bien una introducción más. No es un punto de llegada, sino un punto de partida entre otros en un largo viaje. No es el final de la búsqueda, sino más bien el comienzo entre otros muchos, en la inmensa tarea de construcción científica en el campo de la administración de la educación.
Inés Aguerrondo Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
(Publicado en la revista Propuesta Educativa, Buenos Aires, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, v. 2, n.. 3/4, noviembre de 1990, p. 134-136).
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